Los personajes, situaciones y opiniones que aparecen en este blog son absolutamente ficcionales y si quelqu'un ou quelqu'un con les encontrase algún parecido con lo real, será producto de su propia imaginación.

martes, 25 de junio de 2013

LA DOCENTE

      Pelo blanco, lentes redondos, claros, con marco finito color lacre. Está sentada en un antiguo sillón, junto a la luz que entra por la ventana, vestida con ropa de lana, de colores tranquilos, relee Las Islas de Jean Grenier por enésima vez. Cada tanto levanta la cabeza, mira hacia arriba y sus ojos se ensombrecen, recordando algo que no está bien. Luego parece descartarlo, vuelve a su lectura y a zambullirse en aguas del Egeo literario.

      Suena el teléfono, mira el reloj de pared, mira el de su muñeca, va hacia el teléfono y a medida que se acerca al aparato su cara es cada vez más grave y preocupada. Levanta el tubo.
- ¿Hola?
-  Señora, la llamo por el listado que entregó al Ministerio.
-  Ah sí, buenos días, mire, una barbaridad, los chicos, quiero decir los muchachos, porque son grandes y qué altos y forzudos. Al principio, le confieso que me dieron miedo, pero se portaron muy bien, saludaron, se sentaron ordenados, pero no sabían nada de nada, no pude aprobar a ninguno. Yo hubiera querido, pero fue imposible. Yo les podría dar unas clases de apoyo, pero están muy poco alfabetizados, les llevaría mucho tiempo aprender algo de esta materia. Algunos firmaron la hoja en blanco, otros escribieron algunas pavadas que no tenían nada que ver con las preguntas. Mire, les falta base, están muy lejos.
- Sí, puede ser, le entiendo perfectamente, pero su tarea era tomarles examen en su casa y aprobarlos a todos y si no entendían algo, se los explicaba ahí y listo. No nos haga perder tiempo. Ya les está por salir el nombramiento en la administración nacional  y sí o sí tienen que tener aprobado el bachillerato veloz de dos años. Bueno, éstos lo hacen en seis meses, gracias a que estudian en nuestros centros políticos. La única que les falta es su materia ¿me entiende? Pero no se aflija, ahora van a ir unas personas del Ministerio a explicarle a su casa, porque obviamente acá hay un malentendido.
- Pero, señor ¿señor? ¿cortó?

      ¿Se habrá ofendido? ¿pero yo que podía hacer? No, no los podía aprobar, de eso estoy segura. Además ¿Qué trabajo les van a dar en la Administración Nacional? La verdad es que sus pintas asustaban, ni de guardaespaldas me los imagino. Los guardaespaldas son un poco más finos, saben usar un traje, éstos no creo. Para qué me metí en esto. Yo les tomé  examen a dieciséis, pero me dijeron que en total van a ser doscientos cincuenta y que me los mandan en pequeños grupos para que quepan en mi garaje. Si todos son así va a ser un desastre inútil.

      Fui una tonta en aceptar. La plata la necesito. Yo pensé que unos pesitos extra me vendrían bien, porque el sueldo de profesora, en tres colegios, cada vez me alcanza para menos cosas. Esto ya me está dando miedo. Que vengan del Ministerio un sábado a mi casa, es raro. En veinticinco años de docente nunca vino nadie del Ministerio, ni a felicitarme cuando los cumplí. Además ¿Qué me van a explicar? ¿Qué malentendido? Si está clarito: no sabían, no aprobaron. No podrían aprobar ni la escuela primaria creo yo. ¿Cómo les enseñan en esos centros políticos? Si más lo pienso y más miedo me da porque yo antes sabía, pero ahora no entiendo cómo se está manejando el Ministerio, es muy extraño.

       Inclusive cuando firmé el contrato, para tomar estos exámenes en mi domicilio, como auto no tengo, ya había preparado mi garaje con tres mesas largas, que me prestó un vecino, un escritorio, sillas para todos y les pregunté cuándo venían a revisarlo. Me dijeron que no hacía falta, que seguro que estaba bien. ¿Cómo los de Infraestructura del Ministerio no van a inspeccionar las instalaciones para los alumnos? Por lo menos para ver si cumple con las condiciones de higiene, luz y ventilación. Eso me pareció mal, muy mal, pero lo dejé pasar.

      Mejor me preparo algo de comer, porque estoy muy nerviosa, así pienso un rato en otra cosa. Encima no puedo dejar de espiar por la ventana por si llegan, ni me dijo a qué hora vienen. Dios mío, qué mal se están portando, muy mal. ¿Y ese auto? Qué despacito viene…, parece que va parando. Paró acá. Otra vez estoy transpirando, tengo frío y calor. Uy, es un auto todo negro con vidrios negros, nuevito, parece importado.  ¿Serán ellos? No se ve cuántos son. Ahí se baja uno, uy, que aspecto de mafioso con ropa nueva. Y sí, viene para acá. No puedo dejar de temblar y no quiero que se dé cuenta. Pensar que yo esperaba tánto de ellos. Pero qué timbrazos tan insolentes, no se toca así en una casa particular, se lo voy a decir. (Abre la puerta)
- ¡Buenas tardes! Mire, usted no pued…-.
-  ¡Mami! (gritando) ¡Callate la boca y escuchá! Vengo del Ministerio. Tomá, esta es la lista que hiciste mal. Ahora la arreglás y les ponés aprobado a todos, con la nota que vos quieras, pero aprobados y la firmás y me la alcanzás. ¿Me entendés mami? Dale, apurate que te espero en el auto y se me hace tarde. Ah, y los próximos, vamos a hacer así. Vos no les vas a ver la cara a los barras, digo los alumnos. Te traigo directamente los listados y vos les ponés las notas-.
- Ah no, si es así yo renuncio, lo lamento en el alma pero yo así no trabajo. ¿Me entendió?-.
- ¿Vos qué? Vos no renunciás nada mamita. Esto es así. Vos entraste, ahora estás adentro y vas a salir cuando nosotros te digamos que salgas. ¿Te quedó claro? Mirá que vos vivís sola, tenés dos sobrinos, que los padres murieron en un accidente en Rosario. Los querés mucho, son tu única familia y son muy lindos, mirá las fotos, Fabianita saliendo de la facultad y Sebastián con los amigos en la cancha. ¿Salieron bien no? Aunque sea hacelo por la salud de ellos, Mami-.
 - Pero, entonces, ustedes ¿qué son? Parecen los mafiosos de las películas-.
- No Mami, no somos los de las películas, somos El Estado-.
- Ah y nosotras, las profesoras ¿no somos el estado?-.
- Dale, no digas más pelotudeces que yo te estoy hablando muy en serio y apurate que ya me estoy calentando, dale, andá mandate adentro y arreglá la cagada que hiciste-.
- Bueno, si es así… espere, lo arreglo y vengo-.
      Entra a su casa, cierra la puerta, se sienta en su escritorio y se agarra la cabeza. Y pensar que yo los voté, ¡Qué estúpida! Cómo me engañaron. Al final mi hermana y mi cuñado, tan católicos ellos, tenían razón, son el Anticristo. Noo... Me está tocando bocina y me hace señas con la mano que me apure, es un cerdo.

      Corrige todo lo encargado y se queda mirando la hoja.
      
      Bueno, ya terminé, les puse diez a todos, y la firmé. Por lo menos para que se note que no es real. Mira por la ventana, ve el auto negro, ve al mafioso administrativo, no puede evitar echarle una maldición con su pensamiento. Se mira en el espejo, se arregla un poco el pelo y sale. Cruza la calle, se aproxima al auto, pero no demasiado y le acerca la planilla, con el brazo extendido, para que él deba estirarse como un mono para alcanzarla. Así lo hace y él parece ni notar que tuvo que sacar medio cuerpo por la ventanilla para llegar a tomarla. Claro, piensa ella, si se crió entre bestias, ni se dio cuenta. Él le da una rápida mirada y sonríe para sí mismo. Arranca el auto y mientras se desplaza veloz, grita sin mirarla  –Chau Mamita, hasta la próxima-.

Casi al mismo tiempo se oye un penetrante y agudo grito docente que atraviesa la calle: -¡Hijos de remilputas! ¡Ya no son algunos, ya los odiamos toodoos!