Pelo blanco, lentes redondos, claros, con
marco finito color lacre. Está sentada en un antiguo sillón, junto a la luz que
entra por la ventana, vestida con ropa de lana, de colores tranquilos, relee
Las Islas de Jean Grenier por enésima vez. Cada tanto levanta la cabeza, mira
hacia arriba y sus ojos se ensombrecen, recordando algo que no está bien. Luego
parece descartarlo, vuelve a su lectura y a zambullirse en aguas del Egeo
literario.
Suena el teléfono, mira el reloj de
pared, mira el de su muñeca, va hacia el teléfono y a medida que se acerca al
aparato su cara es cada vez más grave y preocupada. Levanta el tubo.
-
¿Hola?
- Señora, la llamo por el listado que entregó
al Ministerio.
- Ah sí, buenos días, mire, una barbaridad, los
chicos, quiero decir los muchachos, porque son grandes y qué altos y forzudos.
Al principio, le confieso que me dieron miedo, pero se portaron muy bien,
saludaron, se sentaron ordenados, pero no sabían nada de nada, no pude aprobar
a ninguno. Yo hubiera querido, pero fue imposible. Yo les podría dar unas
clases de apoyo, pero están muy poco alfabetizados, les llevaría mucho tiempo
aprender algo de esta materia. Algunos firmaron la hoja en blanco, otros
escribieron algunas pavadas que no tenían nada que ver con las preguntas. Mire,
les falta base, están muy lejos.
-
Sí, puede ser, le entiendo perfectamente, pero su tarea era tomarles examen en
su casa y aprobarlos a todos y si no entendían algo, se los explicaba ahí y
listo. No nos haga perder tiempo. Ya les está por salir el nombramiento en la
administración nacional y sí o
sí tienen que tener aprobado el bachillerato veloz de dos años. Bueno, éstos lo
hacen en seis meses, gracias a que estudian en nuestros centros políticos. La única
que les falta es su materia ¿me entiende? Pero no se aflija, ahora van a ir
unas personas del Ministerio a explicarle a su casa, porque obviamente acá hay
un malentendido.
-
Pero, señor ¿señor? ¿cortó?
¿Se habrá ofendido? ¿pero yo que podía hacer?
No, no los podía aprobar, de eso estoy segura. Además ¿Qué trabajo les van a
dar en la Administración
Nacional ? La verdad es que sus pintas asustaban, ni de
guardaespaldas me los imagino. Los guardaespaldas son un poco más finos, saben
usar un traje, éstos no creo. Para qué me metí en esto. Yo les tomé examen a dieciséis, pero me dijeron que en
total van a ser doscientos cincuenta y que me los mandan en pequeños grupos
para que quepan en mi garaje. Si todos son así va a ser un desastre inútil.
Fui una tonta en aceptar. La plata la
necesito. Yo pensé que unos pesitos extra me vendrían bien, porque el sueldo de
profesora, en tres colegios, cada vez me alcanza para menos cosas. Esto ya me
está dando miedo. Que vengan del Ministerio un sábado a mi casa, es raro. En
veinticinco años de docente nunca vino nadie del Ministerio, ni a felicitarme
cuando los cumplí. Además ¿Qué me van a explicar? ¿Qué malentendido? Si está
clarito: no sabían, no aprobaron. No podrían aprobar ni la escuela primaria
creo yo. ¿Cómo les enseñan en esos centros políticos? Si más lo pienso y más
miedo me da porque yo antes sabía, pero ahora no entiendo cómo se está manejando
el Ministerio, es muy extraño.
Inclusive cuando firmé el contrato, para
tomar estos exámenes en mi domicilio, como auto no tengo, ya había preparado mi
garaje con tres mesas largas, que me prestó un vecino, un escritorio, sillas
para todos y les pregunté cuándo venían a revisarlo. Me dijeron que no hacía
falta, que seguro que estaba bien. ¿Cómo los de Infraestructura del Ministerio
no van a inspeccionar las instalaciones para los alumnos? Por lo menos para ver si
cumple con las condiciones de higiene, luz y ventilación. Eso me pareció mal,
muy mal, pero lo dejé pasar.
Mejor me preparo algo de comer, porque
estoy muy nerviosa, así pienso un rato en otra cosa. Encima no puedo dejar de
espiar por la ventana por si llegan, ni me dijo a qué hora vienen. Dios mío,
qué mal se están portando, muy mal. ¿Y ese auto? Qué despacito viene…, parece
que va parando. Paró acá. Otra vez estoy transpirando, tengo frío y calor. Uy,
es un auto todo negro con vidrios negros, nuevito, parece importado. ¿Serán ellos? No se ve cuántos son. Ahí se
baja uno, uy, que aspecto de mafioso con ropa nueva. Y sí, viene para acá. No
puedo dejar de temblar y no quiero que se dé cuenta. Pensar que yo esperaba
tánto de ellos. Pero qué timbrazos tan insolentes, no se toca así en una casa
particular, se lo voy a decir. (Abre la puerta)
-
¡Buenas tardes! Mire, usted no pued…-.
- ¡Mami! (gritando) ¡Callate la boca y escuchá!
Vengo del Ministerio. Tomá, esta es la lista que hiciste mal. Ahora la arreglás
y les ponés aprobado a todos, con la nota que vos quieras, pero aprobados y la
firmás y me la alcanzás. ¿Me entendés mami? Dale, apurate que te espero en el
auto y se me hace tarde. Ah, y los próximos, vamos a hacer así. Vos no les vas
a ver la cara a los barras, digo los alumnos. Te traigo directamente los
listados y vos les ponés las notas-.
-
Ah no, si es así yo renuncio, lo lamento en el alma pero yo así no trabajo. ¿Me
entendió?-.
-
¿Vos qué? Vos no renunciás nada mamita. Esto es así. Vos entraste, ahora estás
adentro y vas a salir cuando nosotros te digamos que salgas. ¿Te quedó claro?
Mirá que vos vivís sola, tenés dos sobrinos, que los padres murieron en un
accidente en Rosario. Los querés mucho, son tu única familia y son muy lindos,
mirá las fotos, Fabianita saliendo de la facultad y Sebastián con los amigos en
la cancha. ¿Salieron bien no? Aunque sea hacelo por la salud de ellos, Mami-.
- Pero, entonces, ustedes ¿qué son? Parecen
los mafiosos de las películas-.
-
No Mami, no somos los de las películas, somos El Estado-.
-
Ah y nosotras, las profesoras ¿no somos el estado?-.
-
Dale, no digas más pelotudeces que yo te estoy hablando muy en serio y apurate
que ya me estoy calentando, dale, andá mandate adentro y arreglá la cagada que
hiciste-.
-
Bueno, si es así… espere, lo arreglo y vengo-.
Entra a su casa, cierra la puerta, se
sienta en su escritorio y se agarra la cabeza. Y pensar que yo los voté, ¡Qué
estúpida! Cómo me engañaron. Al final mi hermana y mi cuñado, tan católicos
ellos, tenían razón, son el Anticristo. Noo... Me está tocando bocina y me hace
señas con la mano que me apure, es un cerdo.
Corrige todo lo encargado y se queda
mirando la hoja.
Bueno, ya terminé, les puse diez a todos, y la firmé. Por lo menos para que se note que no es real. Mira por la ventana, ve el auto negro, ve al mafioso administrativo, no puede evitar echarle una maldición con su pensamiento. Se mira en el espejo, se arregla un poco el pelo y sale. Cruza la calle, se aproxima al auto, pero no demasiado y le acerca la planilla, con el brazo extendido, para que él deba estirarse como un mono para alcanzarla. Así lo hace y él parece ni notar que tuvo que sacar medio cuerpo por la ventanilla para llegar a tomarla. Claro, piensa ella, si se crió entre bestias, ni se dio cuenta. Él le da una rápida mirada y sonríe para sí mismo. Arranca el auto y mientras se desplaza veloz, grita sin mirarla –Chau Mamita, hasta la próxima-.
Casi
al mismo tiempo se oye un penetrante y agudo grito docente que atraviesa la calle: -¡Hijos de
remilputas! ¡Ya no son algunos, ya los odiamos toodoos!

He intentado usar la dirección de mail q. me has dado. No funciona, parece q. es incorrecta.Intenta darmela de nuevo añadiendo comentario en mi blog, en lo del vampiro.Probé con mayusculas y con minusculas y nada.
ResponderEliminar¿Vale?
Marisa Grumpy
Hola de nuevo: Te envié un mail hace dos o tres días, ¿ lo recibiste? Esta vez parece q. tu dirección estaba correcta... Dime si lo recibiste ¿Vale?
ResponderEliminarUn saludo Marisa.
Grumpy, por fin lo encontré.
ResponderEliminarPor un momento creí que viajaba en la maquina del tiempo, genero literario de ciencia ficción, pero no.... no he usado la maquina, tengo los pies en el suelo. Un relato interesante...
Saludos